Me encontraba comprando las cosas que se necesitaban en el castillo, especificamente comida, siempre era yo el que hacía esta labor, era de los pocos que conocían el estado de las verduras y otros alimentos que le gustaban a la princesa, si es que en verdad le gustaban..
Pasé por un puesto de fruta y comenzé a mirar aquellas mandarinas, estaban en su punton exacto por lo que podía notar, podría llevar unas cuantas.
Comenzé a elegir unas cuantas de aquellas frutas hasta que comenzé a escuchar como las personas que pasaban a mi lado, cuchicheaban y hablaban de mi como el perro de la Princesa, cosa que no me molestaba, eso era cierto, era un simple perro fiel que servía incondicionalmente a aquella tirana, cruel y sin sentimientos, como le llamaban algunos, también le llamaban hija de la maldad. A pesar de todo lo que dijeran, yo seguiría cuidando y sirviendo a aquella hermosa chica a la cual guardaba el secreto más grande de mi vida, y el cual de seguro me llevaría a la tumba.
-Umh..
Susurré suavemente, dejando las mandarínas en la bolsa que traía en mi mano y miraba a el dueño, de manera algo fría.
-Deseo llevar esto..
Dije de manera seca, extendiendole el dinero al dueño directamente, ví como este me vio con cara de "muerete", cosa a la que no le dí importancia, solo continué mirando las verduras que habían en otros puestos.